Coge lo que necesites y tira el resto al abono, o: Una introducción al pensamiento postcivilizado

Lo de la civilizaci√≥n fue emocionante, ¬Ņno? Quiero decir, definitivamente val√≠a la pena intentarlo. La civilizaci√≥n nos ha aportado mucho: telescopios, sillas de ruedas, Wikipedia. Pero en el proceso ha llevado a la naturaleza al borde del abismo. La ciencia, la agricultura y la divisi√≥n del trabajo nos han ayudado a desarrollar nuestra cultura y comunicaci√≥n, pero han sido a√ļn m√°s √ļtiles para los genocidios y los ecocidios. Por tanto, parece que ha llegado el momento de abandonar el ambicioso pero fallido experimento de la civilizaci√≥n y buscar algo nuevo.

Primer requisito: odiar la civilización

La civilizaci√≥n no es sostenible. Parece imposible salvarla. Y lo que es m√°s importante, tampoco ser√≠a deseable. Cuando se habla de “civilizaci√≥n”, se habla de las formas organizativas y las expresiones culturales del mundo moderno; se habla de las normas jur√≠dicas y sociales que dictan el comportamiento “correcto”; se habla de las pretensiones centralistas y totalitarias del imperio pol√≠tico-econ√≥mico.

La civilización está destruyendo todas las formas de vida en la tierra. No es sorprendente que no sea sostenible: las economías y sociedades orientadas al crecimiento nunca lo son. Las posibilidades de mantener la civilización sin un consumo excesivo de sus recursos son casi nulas. Y aunque las hubiera, no querríamos aprovecharnos de ellas. Nuestra libertad se vería entonces más restringida.

La civilizaci√≥n se ha definido de muchas maneras, pero ninguna definici√≥n es atractiva. Mi diccionario dice que la civilizaci√≥n es “la forma m√°s avanzada de desarrollo y organizaci√≥n social”. Aparte de ser una definici√≥n bastante in√ļtil, apunta a una presuposici√≥n impl√≠cita de la civilizaci√≥n: “Nosotros somos avanzados, vosotros sois primitivos. La historia y el desarrollo son lineales, el progreso es unidimensional, y cualquier desviaci√≥n de eso es regresiva”.

Otra definici√≥n est√°ndar de “civilizaci√≥n” puede encontrarse en Wikipedia, el crisol del consenso social. Aqu√≠ se describe la civilizaci√≥n como “una sociedad compleja caracterizada por la agricultura y la urbanidad. … En comparaci√≥n con las sociedades menos complejas, las personas se dedican a tareas laborales espec√≠ficas y existen formas de organizaci√≥n jer√°rquicas”. Esta definici√≥n apunta tambi√©n a un problema fundamental de la civilizaci√≥n: ¬Ņ“formas de organizaci√≥n jer√°rquicas”? ¬ŅQu√© es esto? ¬ŅPor qu√© la gente aguanta estas cosas?

Derrick Jensen, un cr√≠tico de la civilizaci√≥n (aunque no de la poscivilizaci√≥n) ofrece la siguiente definici√≥n de civilizaci√≥n: “Una cultura -es decir, un complejo de narrativas, instituciones y mercanc√≠as- que conduce a la urbanizaci√≥n y se reproduce en ella. (Civil viene del lat√≠n civis o civitas, que significa ciudad-estado)”. Esta definici√≥n plantea la siguiente cuesti√≥n: ¬ŅQu√© es una ciudad? Derrick lo define como un lugar en el que “la gente vive de forma m√°s o menos permanente con una densidad lo suficientemente alta como para que la importaci√≥n permanente de alimentos y otros recursos vitales sea una condici√≥n de supervivencia.”

Este es posiblemente el punto crucial. Si un lugar necesita recursos de otro, eso no es un problema en s√≠ mismo, siempre que haya algo que intercambiar. ¬ŅPero qu√© pasa si hay una sequ√≠a y los campesinos ya no tienen excedentes de alimentos para comerciar? Entonces llega la guerra. Genial.

Odiemos la civilización.

Segunda condición: No ser primitivistas

No es posible ni deseable volver a formas de existencia precivilizadas. La mayor parte de la teoría crítica con la civilización ha sido formulada por los primitivistas. Han hecho un trabajo enormemente importante. Creen, a grandes rasgos, que sería mejor para la humanidad volver a una vida precivilizada. No compartimos esta conclusión.

Los primitivistas se oponen a toda forma de tecnolog√≠a. S√≥lo nos oponemos al mal uso de la tecnolog√≠a. Pues bien, si somos sinceros, en la pr√°ctica esto significa que tambi√©n estamos en contra de casi todas las formas de tecnolog√≠a civilizatoria. Pero aun as√≠, creemos que la cr√≠tica primitivista est√° tirando el beb√© con el agua del ba√Īo. Es cierto que la mayor√≠a de las formas de tecnolog√≠a sirven para fines malignos (como la guerra o el ecocidio), pero eso no hace que la tecnolog√≠a en s√≠ misma, o “la aplicaci√≥n del conocimiento cient√≠fico para el beneficio pr√°ctico”, sea maligna. S√≥lo significa que tenemos que desarrollar una nueva forma de tratar con las m√°quinas, las herramientas y con la propia ciencia. Tenemos que centrarnos en lo que es realmente √ļtil y sostenible, m√°s que en el valor econ√≥mico o militar.

Los primitivistas están en contra de toda forma de agricultura. Sólo estamos en contra de los monocultivos, que son centralizadores, destruyen la independencia regional, imponen la globalización en el mundo y conducen a prácticas terribles como la tala y la quema. Tampoco estamos de acuerdo con la idea de enviar a seis mil millones de personas a los bosques a cazar y recolectar. Eso no es una solución al problema alimentario. Sencillamente, los poscivilizados estamos a favor de la permacultura: de una agricultura cuya sostenibilidad regional esté asegurada desde el principio.

Los primitivistas han hecho un gran trabajo al presentar los problemas de la vida civilizada. Se merecen un reconocimiento por ello. Sin embargo, en general, su crítica no es muy diferenciada.

Lo que resulta especialmente problem√°tico es que la estructura social que tienen en mente, a saber, la cultura tribal, tiene tendencias socialmente conservadoras (aunque queremos dejar claro que las cr√≠ticas habituales a la cultura tribal se basan en supuestos falsos y euroc√©ntricos): el papel de las leyes estrictas ha sido asumido por las “costumbres” r√≠gidas en muchas tribus, y cada generaci√≥n ha tenido que seguir m√°s o menos los pasos de la anterior.

Miles de millones de personas no pueden volver a un modo de vida precivilizado. Y, francamente, la mayoría de nosotros no queremos hacerlo. Así que no podemos estar de acuerdo con un rechazo total de los productos de la civilización. Tenemos que mirar hacia adelante, no hacia atrás.

No seamos primitivistas.

Tercera condición: Seamos poscivilizados

Lo que necesitamos es una cultura post-civilizada. Y la construcción de uno puede comenzar en el aquí y ahora, en medio de la fase final de la civilización.

El mundo est√° lleno de falsas dicotom√≠as. El hecho de que los m√ļsicos puedan vivir de la m√ļsica o no, no determina su valor; la diferencia entre “profesionales” y “aficionados” no es v√°lida. Para los postcivilizados, la diferencia entre habilidades “generales” y “espec√≠ficas” tampoco importa, hay que combinar ambas. Necesitamos personas que puedan moler vidrio y producir vasos, pero eso no significa que esas personas no deban tambi√©n cocinar o desherbar.

Uno de los mayores problemas de la civilizaci√≥n es intentar construir una cultura global, o un modelo de c√≥mo hacer todo tipo de tareas -desde la administraci√≥n hasta la arquitectura, pasando por la agricultura o la m√ļsica- de forma adecuada. Eso no tiene sentido. Si se construyen casas con tejados planos en un clima fr√≠o, el tejado se derrumbar√° en cuanto se acumule suficiente nieve en √©l. Si se talan √°rboles en una ladera como se har√≠a en una llanura, se producir√° un desprendimiento.

Si queremos pasar a un modo de vida postcivilizado (con o sin colapso industrial), primero debemos estudiarnos a nosotros mismos, a nuestra comunidad y a nuestra región, y luego decidir qué modo de vida es el más adecuado. Esto también significa que hoy podemos utilizar recursos que son producto de la civilización y que pueden no existir dos generaciones después del colapso. Para los habitantes del Primer Mundo, el más rico de estos recursos son los residuos.

Gran parte de los alimentos que se tiran siguen siendo comestibles. Y la comida podrida se puede compostar. Este abono puede colocarse sobre los suelos envenenados de las ciudades para hacer posibles los jardines. El papel que sólo se ha utilizado parcialmente (o no se ha utilizado en absoluto) puede convertirse en bloc de notas. Podemos batir el papel usado hasta convertirlo en pulpa en una batidora y prensarlo en papel nuevo con un gato hidráulico. Los animales atropellados pueden ser desollados y comidos. Las placas de circuitos y los motores de los juguetes eléctricos pueden utilizarse para todo tipo de cosas. El aceite vegetal usado puede recuperarse de los filtros de grasa para alimentar coches o generadores.

Los críticos de nuestra actitud suelen decir que esto no puede funcionar siempre. Tienen toda la razón, pero pasan por alto uno de nuestros principios fundamentales: nos adaptamos a la situación en la que nos encontramos. Por supuesto, lo que funciona aquí y ahora no puede funcionar siempre en todas partes.

En la lógica de la civilización, hay un desarrollo gradual: la cultura se extiende de los civilizados a los salvajes y de las ciudades al campo. Nosotros lo vemos de otra manera.

Seamos postcivilizados.

Si dependiera de nosotros…

¬ŅC√≥mo es una ciudad que no es una ciudad? El concepto de la ciudad como una entidad separada con fronteras espec√≠ficas, un gobierno centralizado y una importaci√≥n regular de bienes debe desaparecer. Pero, en cambio, no todos montaremos nuestras tiendas en el campo. ¬°Claro que no!

La ciudad postcivilizada (o la “no-ciudad” o el “espacio urbano” - no es tan f√°cil con la terminolog√≠a) puede parecer una ciudad contempor√°nea que ha perdido su gobierno. Ser√≠a un conjunto de peque√Īos grupos, todos ellos conservando su identidad pero trabajando juntos por el bien com√ļn.

Los poscivilizados queremos demostrar que la descentralizaci√≥n de nuestra cultura, econom√≠a y pol√≠tica es posible y deseable. Cada grupo m√°s peque√Īo tomar√≠a sus propias decisiones, mantendr√≠a su independencia y resolver√≠a los problemas de la forma que m√°s le convenga. Algunos pueden utilizar tecnolog√≠a avanzada para satisfacer sus necesidades y deseos, otros pueden vivir con toda sencillez. Pero las fronteras entre los grupos ser√°n muy permeables y los individuos, las familias y los c√≠rculos de amigos ir√°n de un lado a otro. La vida cotidiana se asemejar√≠a probablemente a la actual, pero sin la jerarqu√≠a civilizatoria ni la centralizaci√≥n.

¬ŅSe enfrentar√°n estos grupos entre s√≠? Probablemente. Ning√ļn sistema es perfecto, y es mejor admitirlo abiertamente que negarlo. No estamos pintando una utop√≠a en la pared. Al mismo tiempo, hay ejemplos hist√≥ricos de estructuras pol√≠ticas que permiten que grupos con intereses diferentes convivan y trabajen juntos de forma pac√≠fica. Por ejemplo, podemos aprender muchas lecciones de la historia del sindicalismo.

El sindicalismo supera la oposici√≥n del capitalismo y el socialismo de Estado. Se basa en el hecho de que una federaci√≥n de sindicatos colectivizados promueve la ayuda mutua entre sus miembros. El ejemplo hist√≥rico m√°s exitoso de esto es la Guerra Civil espa√Īola.

La ayuda mutua es lo contrario de la competencia. Wikipedia lo describe como “el concepto econ√≥mico de intercambio voluntario de recursos y servicios para el bien de todos”. Uno de los primeros anarquistas, Peter Kropotkin, fue tambi√©n uno de los primeros te√≥ricos de la evoluci√≥n. Se opuso a la afirmaci√≥n de Darwin de que el estado de naturaleza era una guerra de todos contra todos. Por el contrario, Kropotkin cre√≠a que la cooperaci√≥n entre especies desempe√Īaba un papel al menos tan importante en la historia de la evoluci√≥n como la competencia. Hoy en d√≠a, la ciencia moderna ha empezado por fin a creer en esta tesis.

Sin embargo, no podemos reducirnos al sindicalismo. El sindicalismo es una gran idea, pero no se trata de sindicatos ni de industrializaci√≥n. No suscribimos los principios del anarquismo hist√≥rico como tampoco los del feminismo de segunda ola o de la civilizaci√≥n. Se trata de grupos din√°micos de personas que se re√ļnen para dar forma juntos a la no ciudad.

Hablamos de steampunks que a√Īaden lentes de Fresnel a sus destiler√≠as solares; hablamos de fan√°ticos de la bicicleta que convierten los recados en carreras y construyen bicicletas con tubos viejos; hablamos de adolescentes semin√≥madas que pastorean cabras en suburbios abandonados; hablamos de ermita√Īos que cultivan patatas en neum√°ticos apilados y graban piano cl√°sico en rodillos de cera. Adem√°s, alguien conectar√° su Super Nintendo a un panel solar y gente de todo tipo vendr√° a jugar a Street Fighter o a ver jugar a otros. Todos cultivaremos la mayor parte de nuestros alimentos y nos desharemos de nuestros residuos y lavaremos nuestra propia vajilla.

El colapso

Si fuera por nosotros, nos despedir√≠amos de la civilizaci√≥n lo m√°s pac√≠ficamente posible. Nos organizar√≠amos en grupos de base y utilizar√≠amos argumentos convincentes para atraer a nuestro lado a los gobernantes que a√ļn tienen algo parecido a una conciencia √©tica, mientras que dejar√≠amos sin poder a los incorregibles en cuanto un n√ļmero suficiente de personas se negara a seguir el orden civilizatorio de intercambio.

Pero, para ser sinceros, este escenario no es muy probable. Nuestra sociedad est√° en curso de colisi√≥n con la historia. Supongo que la √ļnica pregunta relevante es qu√© se derrumbar√° primero: ¬Ņla civilizaci√≥n industrial o la capacidad de la Tierra para sostener la vida humana? De estas dos posibilidades, la primera es, con mucho, la m√°s atractiva. Y debemos actuar en consecuencia.

El colapso de la civilizaci√≥n industrial ser√° terrible. Ninguno de nosotros, ni siquiera los que secretamente esperan este colapso, lo disfrutar√°. Pero Hollywood miente: los tiempos de crisis no sacan lo peor, sino lo mejor de las personas. Nada une tanto a los habitantes de un barrio como un apag√≥n. Nunca se comparte tanta comida como cuando hay escasez de suministros. (¬ŅDe verdad crees que todos nos sentar√≠amos sobre nuestras provisiones, nos disparar√≠amos unos a otros y quemar√≠amos las casas de nuestros vecinos en una situaci√≥n as√≠? Esto no es necesariamente as√≠. ¬ŅQu√© crees que somos? Civilizado).

Si el sistema económico no se derrumba y no encontramos una forma de hacer fusión fría (y también una forma de volver a llenar los océanos de peces), nos espera algo mucho, mucho peor: un colapso ecológico que no dejará piedra sobre piedra. Si algunos de nosotros sobrevivimos, nada volverá a ser igual.

Para que la civilización no nos destruya, debemos destruirla, y cuanto antes.

Mientras tanto…

Ya no queremos ser civilizados. Ha llegado el momento de hacer algo diferente. Queremos superar las jerarqu√≠as y los sistemas econ√≥micos insanos, al igual que el colonialismo y los estados nacionales. Pero “salir” no es realmente posible. La civilizaci√≥n nunca -ni una sola vez en su historia- ha dejado espacio para los que no son civilizados. El miedo a que la gente pueda probar la posibilidad de una vida mejor es tan grande que la civilizaci√≥n simplemente no puede permitir otras formas de vivir. Esa es su caracter√≠stica definitoria.

E incluso si algunos de nosotros pudi√©ramos “excluirnos”, ¬Ņeso detendr√≠a la destrucci√≥n civilizatoria de la Tierra?

Pero seamos optimistas por un momento y no pensemos demasiado en el futuro. Independientemente de que la Tierra se destruya o no y de que la civilizaci√≥n se derrumbe o no, ¬Ņqu√© nos queda por hacer en el aqu√≠ y ahora?

No quiero llamar aquí a una lucha épica para salvar la tierra, destruir la civilización o colapsar esto o aquello. Las decisiones éticas de este tipo deben ser tomadas por todos y para todos.

Sin embargo, me gustar√≠a abogar por un estilo de vida post-civilizado. La vida post-civilizada no es tan dif√≠cil. Cierra los ojos e imagina qui√©n ser√≠as sin limitaciones sociales. ¬ŅQu√© har√≠as si s√≥lo dependieras de ti mismo, de tus amigos y de los recursos que encuentras a tu alrededor? ¬ŅQu√© te pondr√≠as? ¬ŅQu√© comer√≠as? Quiz√° las cuestiones m√°s importantes sean m√°s sutiles: ¬ŅC√≥mo tratar√≠as a tus amigos? ¬ŅC√≥mo te gustar√≠a que te trataran?

En el aqu√≠ y ahora podemos aprender t√©cnicas de supervivencia: el desollado, el curtido y el tendido de cables, el tiro con arco y la producci√≥n de p√≥lvora, la fitoterapia y la acupuntura, pero tambi√©n el uso y la producci√≥n de antibi√≥ticos, la cirug√≠a y la odontolog√≠a. Seguimos los principios de la permacultura, descubriendo nuestro interior salvaje y utilizando cualquier cosa √ļtil que podamos encontrar en las ciudades, los suburbios y el campo. Aprendemos a existir de forma sostenible en un mundo moribundo. Convertimos el c√©sped en jardines y las carreteras en carriles bici.

Resolvemos juntos los problemas de nuestra subcultura; aprendemos a lidiar con las agresiones físicas y sexuales sin llamar a la policía; aprendemos lo que es un trauma (casi siempre por las malas) y cómo afrontarlo; criamos gallinas y patos; comemos dientes de león y eneas.

Vivimos como podemos, como si la civilización fuera un mal recuerdo ya superado. Eso -más que cualquier texto- será nuestra propaganda más eficaz. Porque es posible vivir así. Y, sí, es mejor vivir así. Una comida significa mucho más cuando uno mismo ha cultivado o recolectado los alimentos, y los amigos están mucho más cerca cuando todos son tratados como iguales. Somos salvajes con cola. Cogemos lo que necesitamos y tiramos el resto al compost.

Recolección contra la civilización

Cuando la gente civilizada tiene hambre, elige una receta del libro de cocina y va a la tienda a comprar los ingredientes. Cuando los recolectores tienen hambre, se hacen una idea de los alimentos disponibles y preparan una comida basada en ellos. Los recolectores est√°n siempre al acecho de la comida: en los jardines, en los cubos de basura, en los mercados donde se regala comida por la noche o en los espacios verdes donde crecen las plantas silvestres.

Como no es dif√≠cil de adivinar, los postcivilizados nos ce√Īimos a los recolectores. Y esto se aplica no s√≥lo a nuestra comida, sino tambi√©n al arte, la ciencia o la pedagog√≠a. Hay muchas razones para ello: la est√©tica es, sin duda, una de ellas.

En el pensamiento civilizatorio, la productividad cumple su propia finalidad: las empresas de automóviles fabrican coches porque eso es lo que hacen. Nunca se plantea la cuestión de si no hay ya suficientes coches. (La respuesta, por supuesto, sería un rotundo sí. Incluso si queremos seguir viviendo con el transporte individual, hay suficientes coches para hacerlo. Sólo hay que mantenerlos adecuadamente, repararlos y, en algunos casos, reconstruirlos). Se están talando bosques para construir nuevas casas mientras que innumerables edificios permanecen vacíos.

Este comportamiento no se corresponde con el comportamiento inteligente e ingenioso del animal (humano) que hemos evolucionado. Es el resultado de la cultura civilizada.

Las personas civilizadas eligen su ideología como eligen su teléfono: miran diferentes versiones y luego eligen una de ellas. Los coleccionistas desmontan las ideologías, se quedan con las partes interesantes y las vuelven a montar para crear sus propias visiones del mundo.

Coleccionar es muy parecido a piratear, y viceversa.

Ahora puedes pensar que esto puede estar bien para una “peque√Īa minor√≠a” pero nunca puede funcionar para la sociedad en su conjunto. “¬ŅQui√©n va a cultivar alimentos? ¬ŅQui√©n construir√≠a mesas?” Tambi√©n puedes gritar estas preguntas con rabia, gesticulando salvajemente. Esto hace que el debate sea especialmente interesante.

Sobre todo porque tendr√≠as un punto. La mayor√≠a de nosotros vivimos en lugares donde la densidad de poblaci√≥n es demasiado alta para depender √ļnicamente de la recolecci√≥n. Pero no propagamos una vida cl√°sica de cazador-recolector. Podemos cultivar alimentos. Pero no en forma de monocultivos que producen ma√≠z para la exportaci√≥n. Y cuando construimos mesas, utilizamos el material del que disponemos, y s√≥lo construimos las mesas que realmente necesitamos.

La “pureza” no es nuestro objetivo en ning√ļn caso. En absoluto.

Recolección contra el capitalismo

Lo fundamental es que apliquemos los recursos que ya existen antes de buscar otros nuevos.

Para ello, por supuesto, hay que transformar la sociedad. ¬ŅC√≥mo lo hacemos? El concepto de revoluci√≥n es siempre una posibilidad, pero no tiene muchos √©xitos que mostrar. ¬ŅEl colapso? S√≠, es probable que la civilizaci√≥n se cuide a s√≠ misma, al menos globalmente. Pero, ¬Ņqui√©n quiere esperar a que se quemen los continentes y se vac√≠en los oc√©anos? ¬ŅQui√©n quiere perecer as√≠?

El enfoque de la poscivilizaci√≥n consiste en empezar a vivir la poscivilizaci√≥n aqu√≠ y ahora, independientemente de un posible “apocalipsis revolucionario” (rev-ocalypse). ¬ŅPero c√≥mo lo hacemos?

Nada de lo que escribo en estos textos debe entenderse como instrucciones. Sólo estoy formulando algunas ideas.

Una de ellas es sustituir la econom√≠a de mercado capitalista, y hacerlo inmediatamente. Los movimientos cooperativos y el sindicalismo de los siglos XIX y XX iban por el buen camino: las cooperativas dejaban de lado a los especuladores comerciales y se dirig√≠an directamente a los consumidores, ahorrando dinero a todos. Y los sindicalistas tomaron el control de la industria despidiendo a sus jefes y haciendo que todos trabajaran como iguales. Pero el dinero y la industria no son realmente lo que nos interesa; en cualquier caso, no pueden desempe√Īar el papel que tienen hoy en el futuro.

Dado que la mayoría de los elementos materiales que necesitamos ya están fabricados, pueden distribuirse gratuitamente. Las tiendas gratuitas son tiendas de segunda mano gestionadas por voluntarios en las que no hay que pagar nada.

Sin embargo, a menudo estas tiendas están aisladas y no pueden redistribuir la enorme masa de bienes que se tiran cada día en el mundo civilizado. Por lo tanto, sugiero lo siguiente para cada ciudad:

  • Alquilar o comprar un almac√©n. Almacena all√≠ los art√≠culos donados o encontrados.

  • Alquilar, comprar u ocupar tiendas en todos los barrios de la ciudad. Distribuir la mercanc√≠a.

Cuanto m√°s se puedan satisfacer las necesidades fuera de la l√≥gica de la econom√≠a de mercado, m√°s independientes ser√°n las personas de la econom√≠a de mercado. Cuanto menos compre la gente, m√°s sufrir√° el sistema capitalista y m√°s fuertes ser√°n los contextos econ√≥micos alternativos. En alg√ļn momento, el viejo orden caducar√° y la econom√≠a del regalo crecer√° e ir√° m√°s all√° de las tiendas gratuitas; incluir√° alimentos, servicios y eventos art√≠sticos.

A nivel local, hay dos obst√°culos principales que superar: Control de alquileres y aislamiento.

Una red de tiendas (con un almac√©n central) puede mitigar el riesgo de aislamiento. Muchas personas se sienten intimidadas por la naturaleza subcultural de los c√≠rculos radicales. A veces la respuesta es suavizar el contenido pol√≠tico o parecer “normal”. Este enfoque puede describirse como el del m√≠nimo com√ļn denominador. Explica, entre otras cosas, por qu√© una democracia basada en el voto mayoritario es tan aburrida.

Una diversidad de culturas es mucho mejor que una cultura unidimensional y homog√©nea. Esto tambi√©n se aplica a los c√≠rculos radicales. El almac√©n central puede funcionar como base com√ļn para todos los grupos o culturas, mientras que las tiendas pueden ser tan individuales -y subculturales- como quieran. Lo √ļnico importante es que todos participen en el proyecto.

La cuestión del alquiler es más complicada. Las tiendas podrían funcionar sobre la base de donaciones mensuales voluntarias. Estos no darían a los donantes ninguna ventaja específica (como poder elegir primero los nuevos bienes), sino que les animarían a dar parte de sus ingresos mensuales al proyecto comunitario. Es importante mantener los costes lo más bajos posible. Lo ideal sería no necesitar empleados remunerados (¡todos deberían poder vivir de la economía del regalo!), el transporte se haría con bicicletas convenientemente equipadas, y las tiendas individuales contarían con personal si fuera posible.

Todo esto no es fácil, pero es factible. Sobre todo porque en un momento en el que suenan las campanas de muerte del orden económico imperante, la necesidad de formas alternativas de economía es mayor que nunca, y con ella la oportunidad de establecerlas.

La vida poscivilizada

¬ŅAs√≠ que has decidido dejar atr√°s la civilizaci√≥n? Enhorabuena. Hay muchas razones para hacerlo.

Quizá hayas visto películas postapocalípticas o hayas leído libros y cómics postapocalípticos, y ahora quieras un mundo en el que puedas vivir como quieras. Tal vez haya comprendido los costes del sistema imperante, y que sus raíces históricas se encuentran en que la gente empezó a encerrar los alimentos y a darlos sólo a cambio de trabajo. Tal vez esté tan enfadado por la destrucción causada por el sistema dominante que quiera verlo eliminado, o al menos ignorado. Tal vez te guste cultivar y recolectar tus propios alimentos, pero sigues queriendo vivir en las ciudades.

Sea cual sea el motivo, nos complace darle la bienvenida a las filas de los poscivilizados.

Algunas sugerencias:

  • Estudia cuidadosamente tu entorno. Investiga qu√© recursos est√°n disponibles y planifica tu vida en consecuencia.

  • Recicla y reutiliza todo.

  • Evita el uso del dinero siempre que un problema pueda resolverse de alguna manera sin dinero.

  • Encuentra gente que piense como t√ļ. √önase a ellos. A continuaci√≥n, se conecta en red con otros grupos.

  • Especial√≠cese en una o dos √°reas y adquiera conocimientos b√°sicos en el mayor n√ļmero posible de otras.

Este consejo se aplica principalmente a los Estados Unidos y otros pa√≠ses “desarrollados”. Sin embargo, muchos de los consejos son aplicables en otras partes del mundo, aunque los postcivilizados siempre deben tener en cuenta las condiciones locales y regionales.

Alimentos

En el mundo “desarrollado”, esto es lo m√°s f√°cil. Encontrar comida puede llevar mucho tiempo y energ√≠a, pero es m√°s f√°cil de gestionar que las cuestiones de vivienda o atenci√≥n sanitaria.

La comida est√° en todas partes. Incluso en las ciudades crecen plantas comestibles. En la √ļltima ciudad en la que viv√≠, com√≠amos dientes de le√≥n (se cogen las hojas j√≥venes y se cuecen al vapor mientras se cambia el agua varias veces), tr√©bol (directamente del suelo), bellotas (el tanino desaparece dejando las bellotas en un arroyo durante unos d√≠as o hirvi√©ndolas mientras se cambia el agua - luego se pueden convertir en harina) y diversos frutos secos, por ejemplo, casta√Īas. Se puede hacer mermelada con las naranjas ornamentales y harina con las flores del √°rbol de la vaina dulce. Los √°rboles frutales son abundantes y los propietarios privados no suelen tener problema en que otros se lleven algunos (o simplemente no se dan cuenta). Si eres carne, siempre hay animales que son atropellados. Fuera de la ciudad, por supuesto, estos son m√°s grandes y m√°s sabrosos. Sin embargo, hay que tener cuidado con los animales muertos en la carretera. La carne debe ser fresca y estar bien preparada. ¬°Inf√≥rmate lo mejor posible! Sin embargo, mis textos no ser√°n de mucha ayuda. Yo vivo en plan vegano.

Las papeleras son una fuente inagotable de alimentos. La gente tira la comida todo el tiempo. Para los fines de la reuni√≥n urbana, los contenedores son fundamentales. Los contenedores de cualquier tienda de comestibles suelen estar llenos de comida por la tarde. Presta atenci√≥n a la raz√≥n por la que se ha tirado algo. A veces la fecha de caducidad ha pasado. Compruebe si es realmente malo: huela y mire las latas para ver si la tapa se ha volado. A veces s√≥lo se rompe el paquete o se da√Īa una lata de un pal√© entero. Las frutas y verduras pueden estar descoloridas, pero siguen siendo comestibles sin problemas. A menudo, se pueden encontrar grandes cantidades de los mismos productos. Por eso es bueno estar en contacto con otros coleccionistas para poder compartir. ¬ŅO qu√© otra cosa vas a hacer con cien litros de zumo de naranja? En cualquier caso, no olvides lavarte las manos antes de comer nada. Tambi√©n puedes ponerte guantes para hacer el contenedor, pero esto puede dar lugar a que otros coleccionistas se burlen de ti.

En algunos lugares es ilegal el uso de contenedores. ¬°Pide! Los mejores productos suelen tirarse por la noche. Durante el d√≠a se puede buscar en los cubos de basura normales. Mucha gente tira el bocadillo apenas comido: ¬Ņpor qu√© no √≠bamos a terminar la mitad del bocadillo de falafel?

Muchos -pero, por supuesto, no todos- los postcivilizados también roban comida. Sin embargo, por lo general, sólo de las grandes cadenas de supermercados. Al mismo tiempo, las órdenes morales universales son una de las cosas que nos gusta dejar atrás con la civilización. Cada uno debe determinar sus propias directrices éticas.

Por √ļltimo, est√° la jardiner√≠a de guerrilla. Cultivar alimentos en todos los lugares posibles Aunque no te lo comas t√ļ, los dem√°s te lo agradecer√°n.

Ropa

Ponte lo que quieras. Esto debería ser evidente, pero no lo es. La gente civilizada no se viste como los extras de las películas de Mad Max (lo cual es una pena). La gente civilizada se preocupa mucho por lo que los demás piensan de su ropa.

Pero no basta con pensar fuera de las normas. Si s√≥lo piensas fuera de las normas, a√ļn no est√°s pensando en todas las posibilidades. “Ser diferente s√≥lo por ser diferente es un enfoque equivocado. S√© diferente porque realmente quieres serlo. Y si no, ponte traje y corbata. Se da demasiada importancia a la ropa.

Si quieres que tu ropa se adapte al mundo civilizado, no deber√≠a ser dif√≠cil. La gente tira la ropa que se ajusta a este mundo todo el tiempo. Pero el atractivo de la est√©tica de la reutilizaci√≥n y la reapropiaci√≥n es fuerte: a menudo es lo que nos aleja de la civilizaci√≥n. Si no existiera la sociedad con sus convenciones, ¬Ņqu√© te pondr√≠as? ¬ŅQu√© aspecto tendr√≠a usted? ¬ŅY qu√© materiales hay para desarrollar su estilo?

El hilo dental puede utilizarse maravillosamente como hilo, al igual que el tendón. Y una vez que empiece a utilizar contenedores, nunca le faltarán materiales con los que trabajar.

Espacio para vivir

A veces es dif√≠cil encontrar alojamiento. Para la gente civilizada, poseer tierras es muy importante. Lo llaman “propiedad” y les gusta privatizarlo. En la mayor√≠a de los pa√≠ses, la impudicia de poseer edificios vac√≠os e impedir que otros los utilicen es perfectamente legal.

Afortunadamente, a los poscivilizados no les importan mucho las leyes (aunque, por supuesto, sabemos que a otros sí). La okupación de edificios abandonados, en particular, tiene que ver más con la ética. La okupación es complicada y contextual y no hay dos situaciones iguales. Pero si se me permite ser impertinente y generalizar, hay dos tipos de okupas: los que hacen castillos maravillosos y fantásticos de los lugares en los que viven, y los que mean en la esquina.

La vida postcivilizada no consiste en orinar todas las noches (aunque no es difícil elaborar tu propio alcohol), sino en liberarse y crear una forma de vida más compleja, diversa y natural.

Algunas personas postcivilizadas encuentran un trozo de bosque y construyen all√≠ una caba√Īa, normalmente con material reciclado y aplicado de forma creativa. Otros optan por un compromiso. Compran o alquilan un espacio para vivir, normalmente comparti√©ndolo con muchas otras personas para mantener los costes bajos. Se construyen caba√Īas en terrenos alquilados, se montan literas en habitaciones alquiladas, etc.

¬°Un momento!

“¬ŅNo te est√°s convirtiendo en un par√°sito de la civilizaci√≥n al vivir de sus residuos? ¬ŅNo est√°s tan atado al mundo del consumo y dependes de √©l como los que compran bienes?”

Sí, si quieres ver las cosas de esa manera. Pero no estamos hablando de simple (¡y honorable!) parasitismo. Estamos hablando de la vida post-civilizada. Esto se basa en vivir de los recursos disponibles. Hoy en día hay muchos. Después del colapso, las cosas serán diferentes.

Especialización y comunidad

Ser independiente es maravilloso. Pero poder confiar en la gente es a√ļn mejor. Como aprender a valerse por s√≠ mismo: cultivar sus propios alimentos, recolectarlos y cocinarlos; reparar su propia ropa, herramientas y juguetes; adquirir conocimientos sobre salud, primeros auxilios y atenci√≥n m√©dica de urgencia; aprender a luchar, al menos para hacer frente a la violencia cotidiana; ver c√≥mo se toman las decisiones por consenso, etc. Hay mucho que hacer.

Pero no hay que dominar todo. A la gente le gusta discutir si la especialización es realmente tan maravillosa como dicen los civilizados, o tan opresiva como dicen los primitivistas. La gente rara vez piensa en el hecho de que la especialización y la comunalidad no tienen por qué ser opuestas.

Es bueno que todo el mundo sepa que el ajo en t√© ayuda contra los resfriados. Pero, ¬Ņcu√°ntas personas pueden conocer todas las plantas que tienen efectos curativos? Eso requiere especialistas. Y mientras algunas personas se especializan en este campo, otras aprenden a fabricar antibi√≥ticos. No hay nada que la civilizaci√≥n haya producido que no podamos aprender.

¬ŅYo personalmente? No voy a dedicar mi tiempo a aprender los m√©todos de permacultura m√°s eficaces. ¬°Pero ciertamente ayudar√© con la cosecha!

¬ŅC√≥mo puedo sobrevivir al colapso?

Lo primero que debes saber para sobrevivir al apocalipsis es esto: no sobrevivir√°s a √©l. No eres especial. Si todos mueren, t√ļ mueres. Si no es por la crisis ecol√≥gica (personalmente espero que el calentamiento global se acelere inexorablemente), es por la creciente militarizaci√≥n de nuestra sociedad.

Hay algo que no puedo dejar de recalcar: No sirve de nada que huyas y te escondas en una peque√Īa y solitaria caba√Īa en alg√ļn lugar solo -o con cinco amigos, por cierto-. (A no ser que creas en los zombis.) Si s√≥lo te retiras y esperas a que todo mejore, entonces eres un cobarde, y no muy inteligente. No se puede dejar todo el trabajo para el cambio social a otros. Es precisamente este tipo de cobard√≠a, este individualismo, el que nos ha llevado a la situaci√≥n en la que nos encontramos hoy. Si te quedas de brazos cruzados viendo c√≥mo un ej√©rcito fascista toma el control, acabar√°s muriendo est√©s donde est√©s. Si no se intenta construir una agricultura basada en la permacultura con otros, no hay posibilidad de sobrevivir. E incluso si consigues mantenerte vivo durante un tiempo con otras dos personas, desear√°s no haberlo hecho, a m√°s tardar cuando se te desgarre el tal√≥n de Aquiles y te des cuenta de que tu amigo no es cirujano.

Nos guste o no, los humanos somos criaturas sociales. Por tanto, nuestra mejor esperanza para seguir vivos y evolucionar es buscar soluciones colectivas.

Por supuesto, estar entre mucha gente en caso de colapso tambi√©n conlleva peligros. El hambre lleva a la gente a hacer cosas terribles. Pero los escenarios de la mayor√≠a de las novelas apocal√≠pticas no son realistas: s√≥lo habr√° una guerra de “bandas errantes” si dejamos que eso ocurra. En la civilizaci√≥n hay clases dirigentes y se nos dice que no podemos organizarnos. Pero esto es una tonter√≠a. Las formas de organizaci√≥n social no se oponen a las expresiones individuales de la voluntad. El poder no es algo que s√≥lo se utiliza contra nosotros. Todos tenemos poder, como individuos y especialmente como grupos. Por tanto, no hay raz√≥n para hacer la guerra a otras bandas como “banda itinerante”. M√°s bien, podemos ense√Īar la permacultura, los m√©todos de curaci√≥n y las formas de organizaci√≥n post-civilizaci√≥n a otras personas.

Tampoco hay razón para no empezar inmediatamente a vivir una vida basada en esos principios. Podemos unir fuerzas con nuestros vecinos, compartir nuestros recursos, cultivar alimentos, desarrollar una cultura apasionante y defendernos de quienes quieren arrebatárnoslo todo.

¬ŅY qui√©n sabe? Quiz√° el colapso de la civilizaci√≥n industrial se produzca antes de que el calentamiento global nos empuje cada vez m√°s r√°pido hacia el abismo. Quiz√° las reservas de petr√≥leo se agoten antes de que se extinga la mayor parte de las formas de vida de la Tierra. Y puede que incluso se llegue al punto de que la gente se d√© cuenta de que tiene que destruir la civilizaci√≥n para poder vivir. Pero, ¬Ņqu√© ocurre entonces?

Dos cosas: la vuelta al salvajismo y a la comunidad.

Reactivación de la naturaleza

Independientemente de todas las leyes, lo m√°s importante hoy es arrancar el asfalto y ayudar a que vuelvan los bosques. Algunas carreteras pueden ser √ļtiles, pero para nosotros, los poscivilizados, hay demasiado espacio que ha sido despojado de su car√°cter salvaje. Cada carretera que atraviesa un bosque lo divide por la mitad. Esto es f√°cil de ver cuando nos detenemos en una carretera de este tipo y nos bajamos del coche. S√≥lo el borde de un bosque sano est√° densamente cubierto de vegetaci√≥n. En el interior, hay una cantidad asombrosa de espacio.

En cualquier caso, la naturaleza volver√° a ocupar el lugar que le corresponde. Pero tiene mucho sentido apoyar este proceso. La desertificaci√≥n es un problema enorme y preocupante. Es el resultado de la actividad humana y comenz√≥ miles de a√Īos antes de la Revoluci√≥n Industrial. Incluso los programas de repoblaci√≥n forestal bien pensados suelen dejar la tierra seca a toda prisa. Los estudios ecol√≥gicos demuestran cada vez m√°s claramente que es mejor dejar que los bosques sigan su propio camino.

No soy el √ļnico que piensa que s√≥lo la forestaci√≥n intensiva puede evitar que las condiciones clim√°ticas se descontrolen por completo. Pero eso significa volver a dar una oportunidad a la naturaleza, por nuestra propia felicidad. Las ideas antropoc√©ntricas -es decir, las que consideran a las personas y sus necesidades como la prioridad absoluta- forman parte del desastroso camino de la civilizaci√≥n.

La arrogancia con la que la gente trata a la naturaleza es increíble. Ha llevado, entre otras cosas, a que permitamos a las empresas del carbón eliminar literalmente cordilleras enteras (véase, por ejemplo, lo ocurrido en los Montes Apalaches). El hecho de que no nos resistamos a estos actos monstruosos sólo confirma lo domesticados y mansos que nos hemos vuelto.

Al igual que debemos restaurar la naturaleza salvaje de la tierra, debemos restaurar la naturaleza salvaje de nosotros mismos.

Comunidad

Con el colapso, la mayor parte de la infraestructura social actual desaparecer√°. Los gobernantes har√°n cualquier cosa para mantenerse en el poder. Pero si nos organizamos nosotros mismos y nuestras comunidades, simplemente hacemos innecesarios los gobiernos y las empresas.

La gente se acerca naturalmente en tiempos de crisis. (S√≠, podemos discutir eternamente sobre lo que es y no es la naturaleza humana, ¬°pero estos son mis textos!) En cuanto surgen grandes problemas, el aislamiento humano desaparece. Una parada de autob√ļs puede servir de simple ejemplo: normalmente todo el mundo se queda all√≠ esperando el autob√ļs sin que nadie hable con los dem√°s; sin embargo, en cuanto el autob√ļs se retrasa diez minutos, todos son amigos.

Cuando el huracán Katrina destruyó gran parte de Nueva Orleans en 2005, la gente se organizó para conseguir alimentos. Cuando las fuerzas del gobierno finalmente aparecieron después de unos días, estaban principalmente ocupadas disparando a la gente. Las organizaciones burocráticas de socorro estaban tan hinchadas y eran tan ineficaces que algunos miembros de la Guardia Nacional demostraron que conservaban su humanidad a pesar de sus uniformes: enviaron secretamente alimentos, medicinas, etc. al proyecto anarquista de socorro Common Ground Relief. Lo hicieron porque sabían que los anarquistas eran capaces de llevar la ayuda a donde realmente se necesitaba.

Siempre se dice que sin gobierno nos matar√≠amos unos a otros. Pero el comportamiento m√°s cruel del ser humano se produce cuando los gobiernos crean crisis utilizando la fuerza para imponer la ley y el orden o el statu quo civilizado. (Y no se deje impresionar por el ejemplo eternamente utilizado de Somalia. En Somalia no faltan gobiernos, el pa√≠s est√° lleno de se√Īores de la guerra).

Nuestro trabajo no es otro que ayudar a las comunidades humanas de base a crecer, al igual que ayudamos a los bosques a recuperar las plazas de aparcamiento de los centros comerciales. Tenemos que organizarnos localmente para satisfacer nuestras necesidades: Alimentación, agua, vivienda, atención sanitaria y cultura. Y tenemos que luchar contra las reliquias de la civilización que intentan defender su poder.

La mayor√≠a de los manuales de supervivencia se centran en las habilidades que necesitamos para la supervivencia individual: filtrar agua, almacenar alimentos, construir viviendas improvisadas. Pueden ser √ļtiles y vale la pena tener estos libros al alcance de la mano. Lo mismo ocurre con lo que algunos llaman “OSG” (por “Oh shit gear”): Purificadores de agua potable, alimentos enlatados, mapas topogr√°ficos, botiquines de primeros auxilios con antibi√≥ticos y medicamentos recetados, gafas, m√°scaras de gas, filtros de aire, ropa impermeable.

Proyectos como la Aftershock Action Alliance de Nueva York preparan a los grupos de base para las cat√°strofes naturales. Trabajan a nivel local, en los barrios, y organizan talleres pertinentes.

S√≥lo juntos podemos luchar eficazmente contra el hambre, las enfermedades y los se√Īores de la guerra. En eso es en lo que tenemos que centrarnos.

La ciudad que no es una ciudad

¬ŅC√≥mo llamamos a una ciudad que no es una ciudad?

No lo sé.

Pero la etiqueta que utilicemos no es realmente importante. Más interesante es la cuestión de cómo es una ciudad que no lo es.

La urbanización es uno de los principales rasgos que distinguen a la civilización de otras formas de convivencia social. Si se trata de dejar atrás la civilización (que es el tema principal de estos textos), hay que analizar el fenómeno de la urbanización.

Mi diccionario me dice que una ciudad es una “comunidad grande”. Sin embargo, esto plantea la cuesti√≥n de qu√© se entiende por “municipio”. A esto mi diccionario tiene la siguiente respuesta: “Un municipio es un √°rea de asentamiento humano que tiene un nombre, l√≠mites claramente definidos y un gobierno”. Esta explicaci√≥n ilustra inmediatamente d√≥nde est√°n los problemas de las ciudades.

Lo del gobierno es fácil de descartar para mí. Soy anarquista. No creo en el Estado ni en los gobiernos. Me resisto a la idea de un aparato administrativo central que tome todas las decisiones. Y me resisto a la idea de que no se me permita hacer más que elegir a una persona para que tome todas las decisiones por mí. Me interesa mucho más el autogobierno individual y colectivo. Supongo que conoces el viejo chiste: la democracia significa que dos ovejas y tres lobos deciden qué cenar. Bueno, al menos en los círculos en los que me muevo, esa es una broma popular.

Hay mucha literatura sobre el anarquismo, las “formas horizontales de organizaci√≥n” y cosas similares, as√≠ que no me detendr√© en eso aqu√≠.

Pasemos en cambio al siguiente problema de la ciudad, que seg√ļn la definici√≥n del New Oxford American Dictionary es “l√≠mites claramente definidos”. Estos l√≠mites, en mi opini√≥n, son una de las pruebas m√°s claras del car√°cter patol√≥gico de la civilizaci√≥n. Una cordillera no tiene l√≠mites claramente definidos; tiene un antepecho de colinas. Ni una tormenta tiene l√≠mites claramente definidos, ni mi g√©nero.

Las etiquetas pueden ser √ļtiles como descripciones, pero eso no significa confinarse a s√≠ mismo o a las regiones dentro de “l√≠mites claramente definidos”. Adem√°s de ser ilusoria (las fronteras son siempre m√°s permeables de lo que creemos), conduce a todo tipo de horrores, como el nacionalismo. Pongamos un ejemplo: Soy vegano. Utilizo el t√©rmino porque es la forma m√°s f√°cil de describir lo que como. Sin embargo, no me siento definido por el t√©rmino. No tengo ning√ļn sentimiento nacionalista en lo que respecta al veganismo. Por ejemplo, me importa poco lo que comas (o al menos bastante). Simplemente odio la agricultura industrial de animales y no quiero tener nada que ver con ella.

Así que las ciudades tienen gobiernos y límites claramente definidos. Bien. ¡Pero sin mí!

El teórico de la anticivilización Derrick Jensen ha definido las ciudades como lugares donde la gente vive en tal densidad que es necesaria una importación permanente de recursos (ese es mi resumen). Jensen cree que esto funciona bien mientras no haya escasez y toda la gente tenga que comerciar. Cuando no es así, surge el conflicto.

Para mí, esta consideración es el tercer argumento contra la ciudad tal y como la conocemos.

Sin embargo, no podemos abandonar por completo los modos de vida urbanos. Dada la población mundial actual, la Tierra quedaría completamente destruida si la gente no viviera en lugares densamente poblados.

Y hay algo más: para ser sincero, me gusta vivir en la ciudad. (O digamos: en muchas ciudades, ya que soy nómada.) Por supuesto, también me gusta lo salvaje, pero sólo puede seguir siendo salvaje si hay ciudades.

Las ciudades son un foco de la multiculturalidad que hace que nuestro mundo sea tan interesante. En las ciudades nacen las ideas. Las ciudades son el lugar donde la gente se encuentra.

Francamente, no tengo mucho problema en que sigamos refiri√©ndonos a nuestros espacios urbanos como “ciudades” y s√≥lo cambiemos el significado de la palabra. Por supuesto, el mismo argumento podr√≠a aplicarse en relaci√≥n con la palabra “civilizaci√≥n”, pero mi opini√≥n personal es que esta palabra est√° demasiado empapada de sangre para ser conservada. ¬ŅY es realmente necesario tener una palabra para la “sociedad m√°s avanzada”? Personalmente, no me interesa este pensamiento lineal del progreso. Pero bueno, ese es otro tema…

Los que no son de la ciudad

As√≠ que si no queremos un gobierno, unas fronteras claramente definidas y una importaci√≥n permanente de recursos, tratemos de imaginar una ciudad sin estos aspectos: una ciudad m√°s emocionante, √ļtil y libre.

Cuanto m√°s aprendo sobre las tribus (que son diferentes tanto de los grupos peque√Īos como de las civilizaciones), m√°s atractivas me parecen como sistema social. Sol√≠a pensar que una tribu era una especie de familia extendida, un grupo homog√©neo en el que se nace y del que s√≥lo se puede escapar mediante el matrimonio o el aislamiento. Pero resulta que estaba equivocado.

Seg√ļn tengo entendido en la investigaci√≥n antropol√≥gica, las tribus son heterog√©neas y tienen fronteras abiertas. Las personas y las ideas se mueven entre ellas de una forma que los Estados naci√≥n nunca permitir√≠an.

Veo una ciudad sin gobierno ni l√≠mites claramente definidos como un espacio compartido por un gran n√ļmero de tribus (o, si se quiere: culturas) superpuestas.

Al fin y al cabo, eso es lo que han sido siempre las ciudades bajo la fachada de homogeneidad impuesta por sus gobiernos: cambian de barrio en barrio, de edificio en edificio, incluso de habitaci√≥n en habitaci√≥n. Mi imagen de Nueva York (o de √Āmsterdam, o de cualquier otro lugar en el que haya vivido) puede ser completamente diferente de la imagen que tienen otras personas de Nueva York, incluso si caminamos por las mismas calles: todo depende de los c√≠rculos en los que nos movamos. Aparte del hecho de que compartimos algunas infraestructuras -el metro, por ejemplo-, bien podr√≠amos vivir en ciudades diferentes.

A lo largo de la historia se han experimentado formas de organización igualitarias en oposición a las jerarquías gubernamentales. Los éxitos fueron a menudo alentadores, pero el Estado siempre se impuso gracias a su despiadada violencia. Lo que tengo en mente es una federación de tribus (o culturas, o quizás sindicatos, si te gusta ese tipo de cosas) que toman colectivamente las decisiones para la población urbana.

A menudo me preguntan qué significaría una descentralización tan amplia para la especialización profesional y la ciencia compleja, por ejemplo, la exploración espacial. Mi respuesta es que todos tenemos diferentes prioridades. Las personas que quieren ir al espacio pueden hacer sus investigaciones al respecto. Y si otros quieren apoyarlo, son libres de hacerlo.

Mi opini√≥n personal es que ser√° dif√≠cil convencerme de formas de exploraci√≥n espacial ecol√≥gicamente sostenibles, pero supongo que nada es imposible. Hay, por cierto, una novela sobre esto. En Mi viaje con Arist√≥teles a la utop√≠a anarquista, Graham Purchase habla de los pioneros espaciales de mentalidad ecol√≥gica y sindicalista que trabajan en sat√©lites fabricados con biopl√°sticos. ¬ŅLoco? Por supuesto. Esto es v√°lido para todas las ideas interesantes.

La sostenibilidad

El motivo de lucro del capitalismo debe ser sustituido por un motivo de sostenibilidad. Conocemos la objeci√≥n com√ļn: “El capitalismo, el beneficio y el inter√©s propio forman parte de la naturaleza humana”. Sin embargo, podemos simplemente pedir a todos los que siguen argumentando esto que miren un poco m√°s de cerca la investigaci√≥n antropol√≥gica y biol√≥gica actual. Cada vez se da m√°s importancia al papel de la cooperaci√≥n en el proceso evolutivo.

Lo que en realidad pertenece a la “naturaleza humana” es el principio de sostenibilidad: nuestra supervivencia depende de que consigamos vivir en armon√≠a con nuestro entorno. Es tan sencillo como eso.

Hacer realidad la sostenibilidad en los espacios urbanos es un reto especial. Pero se puede hacer. Sólo hay que ver lo que la gente ya ha conseguido en los ámbitos de la agricultura vertical, la hidroponía y la permacultura. La agricultura (más exactamente: el monocultivo) nos llevó originalmente a la locura de la civilización, pero estas técnicas innovadoras pueden sacarnos de ella.

¬ŅSe pueden cultivar suficientes alimentos en las zonas urbanas para evitar la importaci√≥n constante de recursos? Claro que s√≠. ¬ŅPor qu√© no? Hay tejados y miles y miles de habitaciones iluminadas por el sol. Adem√°s, hay superficies verticales casi inconmensurables.

Producir verduras y frutas es fácil. Los cereales y las proteínas son más difíciles, pero también lo conseguiremos.

Algunos aspectos de la vida sostenible son incluso m√°s f√°ciles de establecer en zonas densamente pobladas. En la ciudad, por ejemplo, no todos los hogares necesitan su propio compost. Varios hogares pueden trabajar juntos. Los coches tampoco son necesarios, siempre que la planificaci√≥n urbana sea sensata (es decir, ecol√≥gica). Podemos caminar y utilizar formas sostenibles de transporte p√ļblico.

Lo salvaje de la ciudad

La ciudad puede ser tan salvaje como el bosque. Los edificios van y vienen en función de sus necesidades. Para ello no es necesaria la planificación centralizada. Hay un desarrollo natural y la biodiversidad es enorme. La ciudad -o la no-ciudad o lo que sea- puede ser fácilmente el hogar de las personas que han encontrado su camino de vuelta a la naturaleza: el hogar de los post-civilizados.